Protección para los humedales acuáticos

 

LAS ENTIDADES FIRMANTES SOLICITAN A ESPAÑA, COMO ESTADO MIEMBRO, QUE APOYE LA PROTECCIÓN Y CONSERVACIÓN DE LOS ECOSISTEMAS ACUÁTICOS Y PROMUEVA LOS EMPLEOS SOSTENIBLES Y EL CRECIMIENTO VERDE

Cuatro colectivos asturianos hemos tenido la oportunidad de sumarnos a esta iniciativa del Centro Ibérico de Restauración Fluvial-(CIREF) que se plantea a partir del 22 de abril día de la Tierra; en concreto: Asociación Asturiana de Amigos de la Naturaleza, Asociación Biodevas, Ecoloxistes n’Aicion d’Asturies y Greenpeace Asturias. Lo hacemos satisfechos porque compartimos el sentido y contenidos de la misma, que responde lógicamente a las problemáticas de nuestros ríos y humedales: la defensa y preservación de estos fundamentales y complejos ecosistemas requieren del compromiso positivo de la ciudadanía y las instituciones desde lo global a lo local, también en Asturies.

El texto es el siguiente:

El amplio consenso a nivel internacional sobre la necesidad de conservar nuestro planeta azul y su biodiversidad podría verse entorpecido gravemente por la crisis sanitaria y podría llevar a un deterioro medioambiental incluso superior al de antes de la crisis. El cambio climático aún se mantendrá por muchas décadas, pero los efectos del cese de actividad humana han demostrado cómo se puede evitar. Las entidades firmantes señalan que tenemos que seguir esta enseñanza y aprovechar las nuevas oportunidades para reorientar la inversión para la recuperación económica.

Los países del sur de Europa, que además de ser los más vulnerables al cambio climático, han sido también algunos de los más afectados por la pandemia del COVID 19, tenemos la obligación, en un escenario post-coronavirus, de liderar la recuperación de nuestras economías de una forma modélica, y demostrar al mundo que otro modelo social y económico es necesario y factible, basado en la sostenibilidad ambiental y socio-económica, y en el respeto a la naturaleza.

La salud humana está íntimamente ligada a nuestro entorno natural, por lo que ecosistemas sanos contribuyen a una mayor resiliencia ante pandemias u otros fenómenos del cambio global que nos amenazan. Y a la cabeza de esos ecosistemas se encuentran los medios acuáticos, los más amenazados del mundo.

Los ríos y humedales han sido señalados por los expertos como los mayores proveedores de servicios ecosistémicos. Son sumideros de carbono y estabilizadores climáticos esenciales a escala mundial. Ejercen un papel importante en la mitigación de las inundaciones y las sequías, nos proveen de aguas limpias, protegen las costas y recargan los acuíferos subterráneos, sustentan una gran geodiversidad, desempeñan un papel imprescindible en el paisaje al proporcionar hábitats únicos y en la prestación de servicios recreativos y culturales a la sociedad. Sin embargo, los ecosistemas acuáticos son los que más agresiones reciben en todo del mundo. Cuidarlos y restaurarlos es muestra de madurez y responsabilidad hacia las generaciones futuras y además una estrategia inteligente y rentable.

Por ello, los y las firmantes de este comunicado creemos que es posible la visión post COVID19 de una península Ibérica sostenible, apoyada en una economía baja en carbón y con unos sistemas acuáticos saludables y repletos de biodiversidad. Por ello debemos:

  • encontrar nuevos modelos de producción agraria con menor consumo de agua y capacidad erosiva, reducir la explotación de los acuíferos, planificar el desarrollo urbanístico fuera de los terrenos inundables y respetar la biodiversidad ligada a los ríos y humedales. De esta forma, la extracción y reutilización de agua o la obtención de energía hidroeléctrica no deben deteriorar nuestros ecosistemas acuáticos.
  • potenciar la educación ambiental y la investigación, fundamentales para lograr un nuevo modelo económico y social.
  • afrontar este reto en el próximo ciclo de planificación hidrológica y el Plan Estratégico de la nueva política agraria de la Unión Europea (PAC) a través de medidas que faciliten la conservación y recuperación de los ecosistemas acuáticos para las siguientes generaciones. La Asamblea General de las Naciones Unidas ha declarado 2021-2030 la Década de las Naciones Unidas para la Restauración de los Ecosistemas.
  • potenciar inversiones públicas dirigidas a la innovación y en soluciones basadas en la naturaleza, apoyando a los sectores más sostenibles y a las regiones medioambientalmente más vulnerables o en transición ecológica.
  • involucrar al sector financiero mediante el fomento, desarrollo e implementación de planes de inversiones sostenibles (en energía renovable, conservación y restauración de espacios naturales, regadíos eficientes, etc.).
  • impulsar la formación dirigida hacia los empleos sostenibles, el crecimiento verde y el fomento de una forma distinta de vida, porque la naturaleza ya nos ha mostrado que la única forma de vida posible es aquella en la que se armoniza con nuestro planeta. Según la OMS, 3 de cada 4 empleos dependen del agua, que se debe considerar como un eje fundamental de la economía verde y circular (OMS, “Water, Sanitation, hygiene, and waste management for the covid-19 virus”, 19/3/2020).

Asturias, 30 de abril de 2020

Acción Global por el Clima manifiesto asturiano

 

Para Asturies, como no podía ser de otra manera y al igual que al conjunto del mundo conocido, la crisis del COVID19 implica un escenario nuevo y tremendamente traumático para el conjunto de las personas quela habitamos. Esta pandemia nos trae sufrimiento y muertes, representado un reto enorme para nuestro sistema sanitario y social, provocando una gigantesca devastación de la economía y la vida de las personas; poniendo en evidencia las principales miserias del capitalismo y globalización neoliberal, política y culturalmente hegemónicos desde hace décadas, de una forma que ninguna crisis conocida por las actuales generaciones lo ha hecho. Políticas que han tenido especiales impactos en nuestra Comunidad prácticamente en todos los ámbitos imaginables, desde el empleo digno, los desequilibrios sociales y territoriales, los de género o envejecimiento a los importantes deterioros ambientales y contaminación; no somos ni un paraíso natural ni social.

Así, desde hace décadas muchas organizaciones y personas hemos participado en las muy diferentes y necesarias resistencias contra el progresivos deterioro de los derechos básicos como el empleo y la inclusión social, la educación o, ahora cruelmente puesto de manifiesto, en la indispensable defensa de la salud y sanidad pública asturiana. Pero no sólo, hemos comprendido progresivamente, al calor de diferentes convocatorias internacionales de movilización, la amenaza más global y definitiva que representa la situación ya real de emergencia climática, y a compartir la necesidad de una transición ecológica y social justa. Intuyendo que de alguna forma todas las crisis son expresión de un modelo, consagrado incluso constitucionalmente, un capitalismo inevitablemente austericida, patriarcal y depredador ambiental y socialmente; y que necesita paralelamente un desmantelamiento cultural y democrático. Que también la actual, ahora en algo tan básico como la vida y salud y de forma inmediata en sus posibles impactos sociales, es una manifestación de ese modelo global y también asturiano, que muestra su terrible fracaso en las muy frágiles carnes de nuestra gente y sociedad, un sistema aparentemente indestructible que se desvanece.

La salud requiere más que aplausos recursos; más recursos para investigación, prevención y atención primaria o especializada de calidad, pero también reclama otros valores, superadores de la lógica mercantilista y del negocio privado, e igualmente de otros modelos de gestión que impliquen realmente al conjunto de la sociedad y entiendan la salud como un derecho y bien común, y por cierto estrecha e inevitablemente relacionada con el equilibrio social y ambiental. Homenaje desde luego muy merecido, y del que participamos, para las muchas personas profesionales o voluntarias, fundamentalmente sanitarios pero no solo, pues están en lo más duro de esta crisis: la vida o la muerte, y que de muy diferentes formas nos cuidan. Pero digámoslo claramente, asumiendo riesgos y problemas muchos de los cuales no existirían de no ser por todos los años de recortes que volvemos a denunciar; sin duda ahora las víctimas las ponemos tod@s pero especialmente l@s más pobres de un Norte y Sur globalizado y cruelmente desiguales. En ese sentido no podemos dejar de señalar lo obsceno que resultan en estos momentos algunas posturas políticas o empresariales, las polémicas de “navaja”, por parte de quienes recortaron gasto público o votaron políticas de austeridad, de quienes defendieron y siguen defendiendo hipócritamente que su lógica y lucros particulares o corporativos nos benefician a las personas y a un planeta, paradójicamente cada vez más pequeño como se refleja en la rápida expansión de una infección vírica que nos confina masivamente en casa, si la tenemos.

Constatamos que una esperable y positiva solidaridad, creciente en nuestra sociedad ante los sufrimientos e impactos que genera esta grave crisis, no alcanza al conjunto de los mismos y sus víctimas e ignora de forma masiva en medios de comunicación e imaginario social que, como no puede ser de otra manera, estos no son ni serán nunca iguales en función de todo tipo de desigualdades entre países N-S, clases sociales y género. Así, volvemos a olvida forma casi generalizada a una buena parte de la humanidad, extrañamente en un mundo cada vez es más intercomunicado; no podemos ser ajenos a los relatos del desplazamiento forzoso de decenas de miles de migrantes guatemaltecos, hondureños o de otros países expulsados desde EEUU, retornando en condiciones insalubres y empobrecidos a sus comunidades de origen; la infame situación de poblaciones enteras en los territorios palestinos o campos de refugiad@s repartidos por todas las geografías imaginables, las favelas o poblaciones indígenas de todo el mundo.

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